
Las personas con Sindrome de Down pueden presentar discapacidad intelectual, siendo ésta muy variable entre individuos. Hoy en día la capacidad intelectual se entiende como inteligencia multidimensional y adaptativa. Las personas con síndrome de Down presentan generalmente retraso en el desarrollo de la inteligencia conceptual (también llamada académica o analítica: uso de símbolos, desarrollo del lenguaje y resolución de problemas); sin embargo los aspectos sociales (relaciones humanas y habilidades sociales) y adaptativos de la inteligencia (adaptación con éxito al entorno en el que encuentran) suelen estar menos afectados.
Gracias a los programas de intervención temprana y a los buenos resultados que de ellos se obtienen, se va cambiando el concepto estigmático, individual y estático de la discapacidad intelectual (retraso mental) por un concepto más acertado que incluye, en la esfera individual, un carácter dinámico y multifactorial de las limitaciones funcionales de la persona, que mejorarán con los apoyos necesarios y la madurez funcional del organismo, y, en la esfera social, una reducción del desajuste entre las necesidades del entorno físico-social y las limitaciones adaptativas del individuo.
Con los apoyos adecuados y el seguimiento de un programa individualizado de atención temprana, una persona con síndrome de Down puede alcanzar unas cotas de desarrollo suficientes para llevar una vida adaptada íntegramente al entorno social (escolar y laboral) y con ello conseguir un nivel elevado de calidad de vida y bienestar personal.