
Toda joven entre los 17 y 20 años debería someterse a una exploración ginecológica rutinaria, incluido un frotis de Papanicolau si tiene actividad sexual. Aunque generalmente se recomienda repetir los frotis cada tres años, no es necesario efectuarlo con esta frecuencia a la mujer con síndrome de Down que no tenga actividad sexual y no presente síntomas. Habrá que valorar los beneficios de la exploración frente al riesgo de traumatizar a la paciente.
Debe plantearse en el momento y el sistema más adecuado para la utilización de un método de anticoncepción, para lo que deberá contarse con la opinión de otros profesionales implicados en su educación.