HISTORIA

El sueño es la actividad a la que más tiempo dedica el cerebro durante su inicio de desarrollo. Cuando un niño cumple 2 años de edad, ha pasado alrededor de 9.500 horas durmiendo (lo que equivale a 13 meses), en contraste con las 8.000 horas que ha dedicado a todas las actividades de vigilia combinadas; entre los 2 y los 5 años, suele pasar las mismas horas despierto que durmiendo, mientras que durante el resto de la infancia y hasta la adolescencia, el sueño ocupa el 40% del tiempo medio del día del niño.
Aproximadamente, el 30% de los niños y adolescentes padecen alguna alteración relacionada con el sueño a lo largo de su desarrollo. Las alteraciones del sueño representan el 20,6% de las consultas por alteración del comportamiento en Atención Primaria.
A pesar de su importancia,  estos trastornos no se perciben como enfermedades  con lo cual no se consulta al médico, tienden a perpetuarse,  y a ser asumidos por las familias. Además la ausencia de presión asistencial, ha condicionado una escasa preocupación,  interés y actividad científica por parte de los profesionales sanitarios. Hoy sabemos que las consecuencias para la salud pueden ser muy graves y varían desde alteraciones cardiovasculares a problemas del crecimiento y desarrollo, pasando por importantes alteraciones conductuales y del funcionamiento escolar, así como accidentes.
Una vez vista la magnitud del problema y la importancia de establecer medidas preventivas desde el nacimiento hasta la adolescencia así como de conocer los principales trastornos del sueño y su tratamiento, en el año 2008 se forma dentro de la SEPEAP un grupo de trabajo sobre el sueño y sus trastornos.
El objetivo principal es que los pediatras españoles se formen y adquieran habilidades en el tema del sueño, aspectos que hasta prácticamente la actualidad, no se ha tenido en consideración en la práctica pediátrica.